|
Ser auténtico y conocerse a sí mismoAlguien puede ayudarme a definir qué es
ser auténtico?
|
Seguramente todos tenemos nuestra propia
respuesta a esta pregunta. Y sobre ello me gustaría hablar hoy.
Al hablar de esto, no me atribuyo la posesión de la verdad, ni
mucho menos, sino más bien expreso la mía propia. Porque creo
que no existe la verdad, sino más bien la de cada uno. La que
cada cual construye en base a las experiencias que vive. Y
éstas, las experiencias de cada uno, son tan reales y válidas
como las que vive cualquier otro. Por ello, sería absurdo decir
que yo poseo más verdad que tu, como indicando que mis
experiencias vividas son más reales o más verdad que las tuyas.
Todos estamos vivos, todos sentimos y pensamos. Así que cada
cual posee su verdad, y de la mía os quiero hablar yo hoy.
|
 |
¿Qué es Ser Auténtico?
Una primera definición del concepto podría ser la de mostrarse
tal y como uno es.
Cualquier persona que se sincere consigo mismo es capaz de darse
cuenta de que, en su manera de comportarse con los demás, no
siempre nos mostramos tal y como somos, sino que a veces,
modulamos nuestra forma de ser en función del medio (quien,
donde, cuando, etc.). Hay aspectos de nuestra personalidad que
somos y no mostramos, y otros que, no siéndolos del todo los
acentuamos o exageramos para parecer que somos eso.
No se trata de juzgarnos por hacer esto. Se trata de darnos
cuenta de que lo hacemos, de cuando lo hacemos y de porqué lo
hacemos. Porque si no nos damos cuenta, no nos conocemos a
nosotros mismos, y obramos de manera poco consciente, sin saber
qué nos pasa y porque nos sucede lo que nos sucede.
Un aspecto importante que debemos conocer es
qué es exactamente aquello que tendemos mostrar y qué es aquello
que tendemos a esconder u ocultar.
Sólo el hecho de darnos cuenta de esto, nos puede ayudar a
conocernos de verdad.
Una vez que me he preguntado de qué me escondo y qué imagen
vendo a los demás, puedo averiguar el porqué lo hago. Y
normalmente, es porque quiero obtener algo de los demás, y
porque quiero evitar algo en la relación con los demás.
Normalmente, lo que quiero evitar es ser o sentirme rechazado,
juzgado, abandonado, etc... Y, lo que quiero obtener es
aceptación, reconocimiento y valoración.
En nuestro desarrollo como niños y adultos, hemos aprendido que
hay aspectos de nosotros que si son mostrados, pueden ser
criticados por otros. Por ello, tratamos de que no se vean.
Y también sucede al revés: hay aspectos que hemos aprendido a
mostrar, a engrandecer, porque consideramos que son aspectos de
nosotros mismos que suelen ser aceptados por los demás, bien
porque les agrada o bien porque les gusta.
¿Quién no se ha visto a si mismo alguna vez sonriendo sin tener
ganas de hacerlo? Esto es un ejemplo.
¿Y porque solemos dar tanto valor a ser y
sentirnos aceptados y no rechazados? Aquí va una explicación:
Cuando nacemos somos vulnerables y dependientes. Tanto en el
periodo en el que somos bebés, como durante la niñez, nuestra
supervivencia depende física y literalmente de ser aceptados y
cuidados por nuestros padres o tutores. Si un bebé no es
alimentado por su madre muere. De modo que nuestra supervivencia
depende directamente de ser reconocidos y aceptados. Por ello,
lo que más tememos es ser rechazados, abandonados, etc.…
Y más allá de la necesidad de sobrevivir, durante la niñez,
además aprendemos que si somos valorados o queridos podemos
obtener muchas cosas de los demás: trato de favor, evitar cosas
que no nos gustan, etc.…
De este modo, crecemos y nos vamos desarrollando, aprendiendo a
modular nuestra personalidad en función de la aceptación que
esto tiene en nuestro entorno. Sin ser demasiado conscientes,
vamos desarrollando de manera natural, nuestras mascaras y
formas de aparentar lo que creemos más útil para conseguir lo
que deseamos.
El asunto es que a base de repetir esta forma
de ser aparente, los patrones de comportamiento aprendidos pasan
a ser parte de nuestra personalidad: la personalidad que hemos
construido (con o sin conciencia de ello). Y cuando somos
adultos, etapa en la que ya no vivimos ese grado de dependencia
para sobrevivir, nos vemos “atrapados” por estos patrones, que
están instaurados en nosotros a base de haberlos repetido una y
otra vez. Y es ahora, de adultos, que el miedo biológico y
oculto en nosotros, nos lleva a ser de una manera, que no
siempre queremos. Porque tratamos de ser aceptamos en todo
momento y por todo el mundo, algo que ya no tiene sentido o
función biológica.
Solamente el darnos cuenta de cómo sucede este
juego, puede ayudarnos a elegir quien queremos ser.
Podemos entender que a nadie le agrada sentirse rechazo, y el
miedo a esto, es lo que nos conduce a participar de este juego
de apariencias en el que todos buscamos lo mismo: aceptación.
Está bien no ir diciendo todo lo que uno piensa a diestro y
siniestro sin ninguna consideración con los demás. Pero hay un
término medio que puede incluir el respeto a mi mismo y el
respeto a los demás. A veces, es cuestión de aprender a decir
las cosas (nuestra verdad) de manera clara y directa, sin que
esto suponga una agresión para el otro, y podamos así, incluir
ambas experiencias: me respeto y te respeto.
De esta manera, podremos sentirnos más seguros en nuestra
relación con los otros, pues nos sentiremos capaces de hacernos
respetar sin miedo a ser rechazados. Nos evitaremos muchos
conflictos con los demás, y también con nosotros mismos. Lo cual
puede abrirnos a una mayor comprensión de nosotros y del vecino,
pudiendo generarse así una relación más apacible, armónica y
auténtica.
Escrito por Rodrigo Hernando del Centro en entorno
Natural
|