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El reloj ya marcaba algo más de las cinco de la
mañana… sólo faltaban dos horas para que amaneciese, y Mario
seguía sin aparecer.
Tenía sueño, mucho
sueño… sabía que no era muy normal en aquella situación,
pero no podía evitarlo: ¡me caía de sueño!. Claro que la
preocupación por Mario y aquel ruido que no cesaba… (era
como si alguien estuviera dando mazazos a las paredes)… ¡No
me dejaban pegar ojo!.
Sabía que en el
tercer piso estaba a salvo, pero decidí bajar a buscar a
Mario, así que… eché otro trago, casi el último que me
quedaba… eso me daría valor para seguir con la
investigación, ¡Claro!, si no me dormía antes!!!.
Comencé a bajar las
escaleras, con la botella en la mano. No había bajado ni dos
escalones, cuando ví la silueta de un niño que se cruzaba
delante de mí… fue muy rápido, así que no pude distinguir
apenas nada. Parece ser que tenía más compañía de la que
pensaba. Ya abajo, en la segunda planta, iba por el pasillo
buscando a Mario cuando otra silueta volvió a cruzarse, esta
vez más rápido. ¡Esto parecía el Metro de Madrid! Me había
venido con mi familia justamente huyendo de Madrid, y al
final resultó ser el caserón más transitado de la zona ¡Qué
estress! Pegué otro trago.
Iba a necesitar
otra botella si quería resistir (Al final iba a acabar
alcoholizado). Seguí corriendo el pasillo aprovechando la
luz de la luna que entraba por las ventanas. De repente
comencé a oír voces, un murmullo del que sobresalía una voz
aguda y terrorífica… (aunque todo me parecía ya normal, no
dejaba de provocarme miedo). Aún así seguí adelante, busqué
el lugar de donde provenían las voces, esperando que allí
pudiera estar Mario.
Llegué a la
habitación, y me asomé muy cautelosamente. Allí había varias
personas… parecían del mundo real, de mi mundo. Estaban en
círculo mirando al suelo. El niño que ví antes por los
pasillos también estaba allí. De repente me miraron y… en un
abrir y cerrar de ojos desaparecieron… pareció que me
tuvieran miedo ¡No lo podía creer!. Así que miré atrás (allí
había que ser precavido), y ahí estaba: “La Cosa” de nuevo
que se acercaba con su cuchillo en mano. (Osea que a quién
tenían miedo era a “La Cosa”, no a mí… por eso habían
huído). ¡Menuda desilusión!!!.
Claro que lo que
provocaba era justamente eso: salir por patas, y fue lo que
hice. Eché a correr y me metí en la última habitación, cerré
la puerta y me escondí detrás de la mesa, con la esperanza
de que no me encontrara. Pero aún podía oír las risas de “La
Cosa”. Ya no tenía escondite, creía estar atrapado, pero… me
fijé en que ya no tenía el cuchillo, así que decidí salir
corriendo y esquivarla… abrí la puerta y corrí por todo el
pasillo. Subí el tercer piso, donde estaba a salvo de
aquella criatura, o lo que demonios fuese.
Me metí en una
habitación, dí el último trago que me quedaba, y me tumbé en
la cama… ¡No podía más!. En cuestión de segundos debí
quedarme dormido, pues cuando recobré el conocimiento ya era
de día y el reloj marcaba las 10 de la mañana. ¡Pensaba que
todo había sido un sueño, y me dolía mucho la cabeza!!!.
Pero me acordé de Mario, de su desaparición y
volví a la realidad… aunque era una realidad bastante
extraña e irreal.
Pensé que por la
mañana estaría todo más tranquilo ¡Los fantasmas estarían
durmiendo!, y decidí ir a buscar a Mario, cuando oí un
ruido: era un cuadro que se había movido. Lo coloqué, pero
volvió a moverse. Así que lo descolgué y cayó una nota que
decía:
LA FAMILIA SALAZAR
VIENEN Y VAN
PERO LOS CUERPOS
QUIETOS ESTÁN
CERCA DE DONDE LOS
RAYOS DEL SOL NO PASAN,
¡TE ESPERARÁN!
Parecía ser la
segunda pista. No me ayudaba demasiado, al menos de momento,
pero parecía estar en el buen camino.
Iba bajando y sólo
había silencio… la casa parecía ser otra durante el día, ¡Me
sentí aliviado de poder disfrutar de un poquito de paz!,
pero de repente me acordé de aquel hombre que “La Cosa” mató
y que pensamos que era el jefe de obra. Bajé al sótano, pero
el cadáver ya no estaba allí. Era como si nunca hubiera
estado, pues no había ni una sola mancha de sangre.
Como ya había
recorrido toda la casa en busca de Mario, decidí salir fuera
para seguir buscándole. Iba caminando por el jardín, cuando
noté que la tierra estaba blanda. Empecé a excavar y
encontré el cadáver del hombre ¡Menudo susto! Ya empezábamos
con los sustos, y no eran nada más que las 10 de la mañana.
Me pregunté quién podría haberle enterrado allí, pero aquí
sólo había preguntas, nunca respuestas. De repente oí un
ruido ¡era mi estómago!. Este ruido lo conocía muy bien, y
no me asustaba. ¡Con comer un poco estaba solucionado!. Y es
que no había desayunado. Entré a la casa, me preparé un
café, e intenté relajarme un poco, cuando oí unas voces, y
esta vez provenían de fuera: era la Guardia Civil.
Me informaron que
Mario estaba detenido preventivamente, pues le había
encontrado manchado de sangre y diciendo incoherencias… en
vista de la desaparición del Sr. Pedro Cualón (que al
parecer era el constructor)… le habían retenido.
Decidí no comentar
nada de lo ocurrido a la Guardia Civil, pues podría
perjudicar más aún a Mario, y meterme yo mismo en más
problemas de los que ya tenía.
Eso sí: me sentí
realmente aliviado de saber dónde estaba Mario ¡Y que al fin
y al cabo, estaba a salvo!.
Solamente me atreví
a decirles que mi hermano jamás haría algo así, que estaba
seguro de que era inocente… y que iba a demostrarlo.
Se despidieron
comunicándome el horario de visitas, y que podía enviarle a
un abogado. Todo esto había sido a través de la valla.
¿Cómo iba a
visitarle, si ni siquiera podía salir de allí?. Echaba de
menos a mi familia, ahora tampoco estaba Mario, y yo aquí
encerrado… esto parecía no llegar nunca a su fin. Me dormí
un rato, pues parecía que no podía hacer otra cosa, y en
vista de las noches tan animadas que allí sucedían, preferí
aprovechar con el sueño. Cuando me desperté fui a echar de
comer a Nube. Ya estaba anocheciendo. Nube era mi única
aliada allí, pero parecía seguir sin enterarse de nada,
aunque de repente se puso muy nerviosa, y empezó a ladrar…
estaba rabiosa, y es que ya comenzaban los ruidos dentro de
la casa. ¡No podía más!!. Cogí a Nube y fui a buscar el
agujero de la valla. Cuando lo encontré, justo delante del
agujero aparecieron los espectros que había visto la noche
anterior en la habitación… me miraban todos con una enorme
tristeza en sus ojos. De repente lo entendí: eran la familia
Salazar, que necesitaban de mi ayuda para poder descansar al
fin en paz. Así que decidí buscar dentro de mí el poco valor
que me quedara, y volví a la casa.
Entré, y con gran
rabia y todo el valor que pude juntar… (era curioso, pero ya
no sentía nada de miedo), grité:
¿Quién o qué diablos eres? ¿Porqué te empeñas en
hacer tanto daño?. Primero la familia Salazar, y ahora
te empeñas en destruir también la mía… ¡Pues no lo voy a
permitir!!!.
Había un gran silencio en la casa. Todo parecía
en calma, nadie parecía oírme, aunque fue un espacio corto
de tiempo, porque pronto sonó el mismo grito aterrador de
siempre ¡no sé porqué, pero sabía quién iba a aparecer en
aquellos instantes!.
Efectivamente, allí estaba: era “La Cosa” con
cuchillo en mano. Parecía más cabreada que de costumbre.
¡Tal vez le habían afectado mis palabras!. Nos quedamos
frente a frente, mirándonos paralizados. Aquello parecía un
duelo del lejano Oeste.
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