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 Desahógate

Para todo aquel que ya no puede más, que por más que intenta hablar nadie le escucha.

Que se topa con una burocracia cruel y desalmada, que lo único que busca es j........ sin importar los medios....

hemos creado el espacio :

DESAHÓGATE y di todo lo que tengas que decir para que se escuche tu voz, eso sí: con educación y elegancia.

 Entra ya !!!!!!  

 

 

MENSAJES DEL PASADO

 

CAPITULO V LAS PISTAS

Después de tomar el café pasamos todo el día fuera... no nos apetecía volver a la casa, primero teníamos que coger fuerzas!!!

Por fin llegamos a la mansión bien entrada la noche. Cuando salí del coche vi algo colgando de una de las ventanas del segundo piso. Me fijé y: no podía ser, ¡Era una persona!. Joder!!! Acabábamos de llegar, y ya empezaba nuestra pesadilla. Le pegué un codazo a Mario y le señalé la ventana, a lo que me contestó que qué me pasaba, que si estaba loco... y es que él no veía nada. Así que volví a mirar y en la ventana efectivamente no había nada.

Echamos un trago a la botella, que Mario había comprado para tomarnos antes de acostarnos, porque la verdad es que para dormir en esta casa hacía falta. Ello nos dio valor para abrir la puerta ¿Qué iba a ser lo que nos encontráramos detrás?. Entramos, intentamos encender la luz, pero no funcionaba... escuchamos un portazo, nos miramos. Ni Mario ni yo habíamos sido. ¡La puerta se cerró sola!. Se empezó a oír un murmullo que nos dejó paralizados. Pero decidimos dar otro trago. Los dos queríamos ser el primero, así que empezamos a forcejear con la botella y nos olvidamos del murmullo hasta que terminando de beber, notamos que algo se acercaba hacia nosotros. Entonces, el murmullo se convirtió en un espeluznante grito. Con los nervios no atinábamos a abrir la puerta, pero al fin lo conseguimos y salimos corriendo hacia el coche.

Pretendíamos salir de la mansión, pero el portón de la valla se quedó atascado y era imposible abrir. Mario aterrorizado intentó escalar la valla; le ayudé, pero aún así no conseguimos salir, era demasiado alto. Intentamos llamar con el móvil a la policía, pero... no teníamos cobertura. ¡La suerte no parecía estar ni por asomo con nosotros!!!.

Así que nos volvimos atrás y fue cuando vimos a alguien cojeando que se acercaba hacia nosotros. De repente soltó una gran y terrorífica carcajada ¿De qué se reía aquella cosa?. Seguía acercándose a nosotros, y cuando estaba a punto de tocarnos, oímos un sonido atroz que provenía de la casa. Entonces, simplemente aquella figura desapareció delante de nuestros ojos.

¿Qué diablos era eso?. Dijo Mario.

No sé, hermanito. Pero vamos corriendo.

Intentamos de nuevo abrir la valla, pero seguía atascada. ¡Estábamos atrapados allí rodeados de fantasmas!

Cuando íbamos para la casa, ya que no nos quedaba otra alternativa, Mario se encontró un papel deteriorado por el tiempo tirado en el suelo; lo cogimos y ponía:

Busca 4 pistas si quieres salir

Dentro de la casa las encontrarás,

Si no lo haces no volverás a vivir

Con tu familia, no estarás.

Mario me dijo que ni loco volvía a entrar, y yo decidí hacerlo para poder volver a estar con Marta y Daniel, que era lo único que deseaba con todas mis fuerzas.

Entré en la mansión y sólo se escuchaba un goteo de un grifo. A oscuras fui a buscar el Quinqué que sabía estaba en el aparador del salón. Lo encendí y empecé a subir las escaleras, siguiendo el sonido. Cada vez sonaba más alto, y mi miedo también era cada vez más fuerte. Me pareció sentir algo detrás de mí, pero me volví y no había nada. Volví a mirar hacia delante y allí estaba de nuevo la imagen que habíamos visto fuera. Dijo algo, pero no lo entendí y desapareció otra vez como por ate de magia.

Seguía subiendo los escalones, al tiempo que me subían los escalofríos. El sonido fue cambiando. De repente ya no parecía el goteo de agua. Era realmente escalofriante. Escuché un susurro y justamente en ese momento se levantó una brisa que me apagó la luz. Lo intenté encender de nuevo, pero el mechero se había quedado sin gas. Una vez allí, no podía volver atrás. Así que me pegué a la pared y seguí hacia la biblioteca porque parecía que el sonido provenía de allí.

La puerta estaba medio abierta. Entré y vi dos velas encendidas; pero al cogerlas se apagaron, así que me tuve que guiar por la luz de la luna, que por suerte esa noche entraba por la ventana.

Entre los pasillos de la biblioteca, volvía a ver a aquella figura. Esta vez conseguí verla mejor: era una mujer con cabellos largos y un enorme camisón blanco que le llegaba hasta el suelo. Me miraba fijamente. Entonces se dio media vuelta y cojeando de nuevo comenzó a caminar, como si quisiera que la siguiese.

¡Después del susto que nos había dado fuera, y pretendía que la siguiera!... pero, le eché valor y la seguí... cuando iba andando entre los pasillos se cayó un libro de una de las estanterías, y en aquel momento volvió a desaparecer “la señora”.

Cogí el libro para volver a colocarlo en su sitio: aparentemente era solo un libro de cuentos, pero de repente de él cayó un papel al suelo. ¡A ver qué mensaje me querían dar ahora!

Con letra de imprenta, como la nota que nos habíamos encontrado anteriormente, decía:

Hay cuatro cuerpos en la casa,

Todos juntos, pero están ocultos

Entre estas paredes los encontrarás.

Justo cuando acababa de leer la nota se escucharon unos pasos... parecían provenir del pasillo. Me guardé la hoja y salí ¡a ver qué sorpresa me deparaba ahora esta magnífica mansión!!!.

Ah! Bueno... en esta ocasión resultó ser Mario, que había decidido por fin entrar en la casa ¡Había venido en mi rescate!.

Sabía que vendrías, que no podrías dejarme solo rodeado de tanto fantasma!. – Le dije.

No te vas a creer lo que vi en el tercer piso. – Me dijo Mario -. Encontré a alguien allí.

¿Era otra vez lo que vimos en el patio?.

No lo sé. Pero cuando me vio echó a correr y se le cayó esto.

Me lo dio. Era una tarjeta de una empresa de construcción del pueblo. ¡Justo donde habíamos ido a preguntar lo de la obra, y se habían negado a hacérnosla! (Cada vez se complicaba más aquella historia).

Entonces me acordé del hijo desaparecido del jefe de esa empresa. ¡Había desaparecido en la casa!. ¿Sería él buscando a su hijo?.

 ¿Crees que podría ser aquél constructor, Mario? Si es así... ¿Cómo habrá conseguido entrar aquí?. Tenemos que encontrarle. Vamos arriba de nuevo.


Subimos, pero ya no había nadie donde Mario se había encontrado con él; así que decidimos bajar. Mientras bajábamos, escuchamos una voz: - Hijo ¡Por fin te encuentro!.

Comenzamos a bajar más rápido, y ya en el primer piso vimos un hombre y un niño (aparentemente, pues allí ya no podías estar seguro de lo que veías). De repente, el niño desapareció, y el hombre muy asustado y caminando hacia atrás dijo:

Malditos! ¡Dejadme ya en paz! ¡Tan solo quiero recuperar a mi hijo!.

No... no se preocupe. Nosotros sólo queremos ayudarle, de verdad!!!.

El hombre no pareció creérselo, pues salió corriendo. ¡Mira que pensar que éramos fantasmas! ¡Pero esto era el colmo!.

Oímos sus pasos y cerrarse una puerta. ¡Sí que había corrido! ¡Lo que se oyó parecía la puerta del sótano!. Así que fuimos para allá. No encontramos con la puerta cerrada, pero Mario tenía las llaves.

¡No puedo abrir, Arturo!. ¡Está atrancada!

¿Está usted bien? – Grité a aquel hombre.

De dentro, se escuchó una voz:

No, por favor, no me hagáis daño!.

Y se oyó un grito de horror. No volvimos a escuchar nada.

Mario, ¡Creo que deberíamos ir al coche a buscar una linterna!

Vayamos, y volveremos rápido a ver si podemos ayudar a este hombre.


Cuando salimos al coche, vimos a Niebla... parecía no enterarse de nada, pues dormía plácidamente. ¡Al menos alguien estaba durmiendo allí esa noche!

Volvimos al sótano con la linterna, y con un par de patadas conseguimos abrir la puerta, temiéndonos lo peor.

Ahí estaba! Ese pobre hombre tirado en el suelo, y con un charco de sangre que fluía de su cuerpo! No cabía duda, Estaba muerto!. Y el caso es que allí no parecía haber nadie más.

Pero... ¿Qué le habrá pasado, hermanito?. Habrá sido un accidente, supongo... ¿Con qué se ha podido golpear?. – Me dijo Mario.

 

Entonces oímos una carcajada.

Pero... ¿no estábamos solos?. - Le susurré a Mario.

Aquí salen de las paredes. - Me contestó.


Volvimos a echarle valor (el poco que nos podía quedar), y nos dimos la vuelta. Era otra vez la misma mujer del camisón, pero esta vez no tenía cara de buenos amigos, y tenía ¡Un puñal en la mano!. Se lo lanzó a Mario. Menos mal que reaccionó rápido, y lo pudo esquivar.

Salimos corriendo (no hacíamos otra cosa desde que habíamos entrado a la casa). Fuera ya del sótano vimos otra figura señalando hacia arriba. Seguimos corriendo hasta que se nos acabaron las escaleras, y nos quedamos en una habitación del tercer piso.

Cuando conseguimos tranquilizarnos un poco, fuimos conscientes de que esto hacía tiempo que había dejado de ser un juego. ¡Quien quiera que fuese, no bromeaba! ¡Hasta había muerto una persona!.

Mario ¿Te das cuenta que han intentado matarte?. Tienes que salir de la casa. Por favor!. Ve corriendo y busca ayuda!.

Si salimos, salimos los dos, pero no va a ser tan fácil... no nos van a dejar. ¡Creo que de aquí no saldremos vivos!

Ya veo que no nos queda otra alternativa... tenemos que encontrar las pistas que nos faltan. Parece que va muy en serio, y que de otra forma no podremos salir.

 

Entonces vi en la mesilla de la habitación un cuaderno. Al cogerlo me di cuenta que podía ser del hombre que había muerto, pues tenía anotaciones sobre obras, ya que seguíamos creyendo que él era aquel constructor. En la última página leí una anotación que parecía que podría ayudarnos:

Si lees esta nota es que estás en apuros.

Si ya te has encontrado con “La Cosa” y sigues vivo tienes suerte. Parece ser que en el tercer piso estás a salvo, por lo que sea, “La Cosa” no sube hasta aquí. Si consigues bajar y esquivar a “La Cosa”, tienes que saber que en la valla hay un agujero para poder salir. ¡Búscalo!.

Cuando terminé de leer, me di cuenta que estaba solo: Mario había desaparecido, y en ese momento volví a oír golpes y murmullos.

¡Esto se complicaba cada vez más! ¡No sólo tenía que encontrar todavía 3 pistas, sino que además ahora, tenía que ir en busca de Mario!. ¡Además él parecía estar en serio peligro en aquella casa!!!. No pude evitar pensar en cómo acabaría todo aquello..

 

   
 

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  • Conociendo al autor

Una historia creada por Borja Carrero; habla de una casa con enormes terrenos que lleva en venta  mucho tiempo; es una preciosa mansión  que, a pesar de estar un poco abandonada, tiene muchas posibilidades.

Ahora viene la pregunta del millón: ¿Por qué  la mansión que tiene tres plantas y sótano, es tan barata y lleva tanto tiempo en venta?

Pues si lees esta historia... tal vez halles la respuesta...................

Capítulos                                      : C

 

 

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