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Después de tomar el café pasamos todo el día
fuera... no nos apetecía volver a la casa, primero teníamos
que coger fuerzas!!!
Por fin llegamos a la mansión bien entrada la
noche. Cuando salí del coche vi algo colgando de una de las
ventanas del segundo piso. Me fijé y: no podía ser, ¡Era una
persona!. Joder!!! Acabábamos de llegar, y ya empezaba
nuestra pesadilla. Le pegué un codazo a Mario y le señalé la
ventana, a lo que me contestó que qué me pasaba, que si
estaba loco... y es que él no veía nada. Así que volví a
mirar y en la ventana efectivamente no había nada.
Echamos un trago a la botella, que Mario había
comprado para tomarnos antes de acostarnos, porque la verdad
es que para dormir en esta casa hacía falta. Ello nos dio
valor para abrir la puerta ¿Qué iba a ser lo que nos
encontráramos detrás?. Entramos, intentamos encender la luz,
pero no funcionaba... escuchamos un portazo, nos miramos. Ni
Mario ni yo habíamos sido. ¡La puerta se cerró sola!. Se
empezó a oír un murmullo que nos dejó paralizados. Pero
decidimos dar otro trago. Los dos queríamos ser el primero,
así que empezamos a forcejear con la botella y nos olvidamos
del murmullo hasta que terminando de beber, notamos que algo
se acercaba hacia nosotros. Entonces, el murmullo se
convirtió en un espeluznante grito. Con los nervios no
atinábamos a abrir la puerta, pero al fin lo conseguimos y
salimos corriendo hacia el coche.
Pretendíamos salir de la mansión, pero el portón
de la valla se quedó atascado y era imposible abrir. Mario
aterrorizado intentó escalar la valla; le ayudé, pero aún
así no conseguimos salir, era demasiado alto. Intentamos
llamar con el móvil a la policía, pero... no teníamos
cobertura. ¡La suerte no parecía estar ni por asomo con
nosotros!!!.
Así que nos volvimos atrás y fue cuando vimos a
alguien cojeando que se acercaba hacia nosotros. De repente
soltó una gran y terrorífica carcajada ¿De qué se reía
aquella cosa?. Seguía acercándose a nosotros, y cuando
estaba a punto de tocarnos, oímos un sonido atroz que
provenía de la casa. Entonces, simplemente aquella figura
desapareció delante de nuestros ojos.
¿Qué diablos era eso?.
Dijo Mario.
No sé, hermanito. Pero
vamos corriendo.
Intentamos de nuevo abrir la valla, pero seguía
atascada. ¡Estábamos atrapados allí rodeados de fantasmas!
Cuando íbamos para la casa, ya que no nos quedaba
otra alternativa, Mario se encontró un papel deteriorado por
el tiempo tirado en el suelo; lo cogimos y ponía:
Busca 4 pistas si quieres salir
Dentro de la casa las encontrarás,
Si no lo haces no volverás a vivir
Con tu familia, no estarás.
Mario me dijo que ni loco volvía a entrar, y yo
decidí hacerlo para poder volver a estar con Marta y Daniel,
que era lo único que deseaba con todas mis fuerzas.
Entré en la mansión y sólo se escuchaba un goteo
de un grifo. A oscuras fui a buscar el Quinqué que sabía
estaba en el aparador del salón. Lo encendí y empecé a subir
las escaleras, siguiendo el sonido. Cada vez sonaba más
alto, y mi miedo también era cada vez más fuerte. Me pareció
sentir algo detrás de mí, pero me volví y no había nada.
Volví a mirar hacia delante y allí estaba de nuevo la imagen
que habíamos visto fuera. Dijo algo, pero no lo entendí y
desapareció otra vez como por ate de magia.
Seguía subiendo los escalones, al tiempo que me
subían los escalofríos. El sonido fue cambiando. De repente
ya no parecía el goteo de agua. Era realmente escalofriante.
Escuché un susurro y justamente en ese momento se levantó
una brisa que me apagó la luz. Lo intenté encender de nuevo,
pero el mechero se había quedado sin gas. Una vez allí, no
podía volver atrás. Así que me pegué a la pared y seguí
hacia la biblioteca porque parecía que el sonido provenía de
allí.
La puerta estaba medio abierta. Entré y vi dos
velas encendidas; pero al cogerlas se apagaron, así que me
tuve que guiar por la luz de la luna, que por suerte esa
noche entraba por la ventana.
Entre los pasillos de la biblioteca, volvía a ver
a aquella figura. Esta vez conseguí verla mejor: era una
mujer con cabellos largos y un enorme camisón blanco que le
llegaba hasta el suelo. Me miraba fijamente. Entonces se dio
media vuelta y cojeando de nuevo comenzó a caminar, como si
quisiera que la siguiese.
¡Después del susto que nos había dado fuera, y
pretendía que la siguiera!... pero, le eché valor y la
seguí... cuando iba andando entre los pasillos se cayó un
libro de una de las estanterías, y en aquel momento volvió a
desaparecer “la señora”.
Cogí el libro para volver a colocarlo en su
sitio: aparentemente era solo un libro de cuentos, pero de
repente de él cayó un papel al suelo. ¡A ver qué mensaje me
querían dar ahora!
Con letra de imprenta, como la nota que nos
habíamos encontrado anteriormente, decía:
Hay cuatro cuerpos en la casa,
Todos juntos, pero están ocultos
Entre estas paredes los encontrarás.
Justo cuando acababa de leer la nota se
escucharon unos pasos... parecían provenir del pasillo. Me
guardé la hoja y salí ¡a ver qué sorpresa me deparaba ahora
esta magnífica mansión!!!.
Ah! Bueno... en esta ocasión resultó ser Mario,
que había decidido por fin entrar en la casa ¡Había venido
en mi rescate!.
Sabía que vendrías, que
no podrías dejarme solo rodeado de tanto fantasma!. – Le
dije.
No te vas a creer lo que
vi en el tercer piso. – Me dijo Mario -. Encontré a
alguien allí.
¿Era otra vez lo que
vimos en el patio?.
No lo sé. Pero cuando me
vio echó a correr y se le cayó esto.
Me lo dio. Era una tarjeta de una empresa de
construcción del pueblo. ¡Justo donde habíamos ido a
preguntar lo de la obra, y se habían negado a hacérnosla!
(Cada vez se complicaba más aquella historia).
Entonces me acordé del hijo desaparecido del jefe
de esa empresa. ¡Había desaparecido en la casa!. ¿Sería él
buscando a su hijo?.
¿Crees que podría
ser aquél constructor, Mario? Si es así... ¿Cómo habrá
conseguido entrar aquí?. Tenemos que encontrarle. Vamos
arriba de nuevo.
Subimos, pero ya no había nadie donde Mario se
había encontrado con él; así que decidimos bajar. Mientras
bajábamos, escuchamos una voz: - Hijo ¡Por fin te
encuentro!.
Comenzamos a bajar más rápido, y ya en el primer
piso vimos un hombre y un niño (aparentemente, pues allí ya
no podías estar seguro de lo que veías). De repente, el niño
desapareció, y el hombre muy asustado y caminando hacia
atrás dijo:
Malditos! ¡Dejadme ya en
paz! ¡Tan solo quiero recuperar a mi hijo!.
No... no se preocupe.
Nosotros sólo queremos ayudarle, de verdad!!!.
El hombre no pareció creérselo, pues salió
corriendo. ¡Mira que pensar que éramos fantasmas! ¡Pero esto
era el colmo!.
Oímos sus pasos y cerrarse una puerta. ¡Sí que
había corrido! ¡Lo que se oyó parecía la puerta del sótano!.
Así que fuimos para allá. No encontramos con la puerta
cerrada, pero Mario tenía las llaves.
¡No puedo abrir, Arturo!.
¡Está atrancada!
¿Está usted bien? – Grité
a aquel hombre.
De dentro, se escuchó una voz:
No, por favor, no me
hagáis daño!.
Y se oyó un grito de horror. No volvimos a
escuchar nada.
Mario, ¡Creo que
deberíamos ir al coche a buscar una linterna!
Vayamos, y volveremos
rápido a ver si podemos ayudar a este hombre.
Cuando salimos al coche, vimos a Niebla...
parecía no enterarse de nada, pues dormía plácidamente. ¡Al
menos alguien estaba durmiendo allí esa noche!
Volvimos al sótano con la linterna, y con un par
de patadas conseguimos abrir la puerta, temiéndonos lo peor.
Ahí estaba! Ese pobre hombre tirado en el suelo,
y con un charco de sangre que fluía de su cuerpo! No cabía
duda, Estaba muerto!. Y el caso es que allí no parecía haber
nadie más.
Pero... ¿Qué le habrá
pasado, hermanito?. Habrá sido un accidente, supongo...
¿Con qué se ha podido golpear?. – Me dijo Mario.
Entonces oímos una carcajada.
Pero... ¿no estábamos
solos?. - Le susurré a Mario.
Aquí salen de las
paredes. - Me contestó.
Volvimos a echarle valor (el poco que nos podía
quedar), y nos dimos la vuelta. Era otra vez la misma mujer
del camisón, pero esta vez no tenía cara de buenos amigos, y
tenía ¡Un puñal en la mano!. Se lo lanzó a Mario. Menos mal
que reaccionó rápido, y lo pudo esquivar.
Salimos corriendo (no hacíamos otra cosa desde
que habíamos entrado a la casa). Fuera ya del sótano vimos
otra figura señalando hacia arriba. Seguimos corriendo hasta
que se nos acabaron las escaleras, y nos quedamos en una
habitación del tercer piso.
Cuando conseguimos tranquilizarnos un poco,
fuimos conscientes de que esto hacía tiempo que había dejado
de ser un juego. ¡Quien quiera que fuese, no bromeaba!
¡Hasta había muerto una persona!.
Mario ¿Te das cuenta que
han intentado matarte?. Tienes que salir de la casa. Por
favor!. Ve corriendo y busca ayuda!.
Si salimos, salimos los
dos, pero no va a ser tan fácil... no nos van a dejar.
¡Creo que de aquí no saldremos vivos!
Ya veo que no nos queda
otra alternativa... tenemos que encontrar las pistas que
nos faltan. Parece que va muy en serio, y que de otra
forma no podremos salir.
Entonces vi en la mesilla de la habitación un
cuaderno. Al cogerlo me di cuenta que podía ser del hombre
que había muerto, pues tenía anotaciones sobre obras, ya que
seguíamos creyendo que él era aquel constructor. En la
última página leí una anotación que parecía que podría
ayudarnos:
Si lees esta nota es que estás en apuros.
Si ya te has encontrado con “La Cosa” y sigues
vivo tienes suerte. Parece ser que en el tercer piso estás a
salvo, por lo que sea, “La Cosa” no sube hasta aquí. Si
consigues bajar y esquivar a “La Cosa”, tienes que saber que
en la valla hay un agujero para poder salir. ¡Búscalo!.
Cuando terminé de leer, me di cuenta que estaba
solo: Mario había desaparecido, y en ese momento volví a oír
golpes y murmullos.
¡Esto se complicaba cada vez más! ¡No sólo tenía que
encontrar todavía 3 pistas, sino que además ahora, tenía
que ir en busca de Mario!. ¡Además él parecía estar en
serio peligro en aquella casa!!!. No pude evitar pensar
en cómo acabaría todo aquello..
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