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 Desahógate

Para todo aquel que ya no puede más, que por más que intenta hablar nadie le escucha.

Que se topa con una burocracia cruel y desalmada, que lo único que busca es j........ sin importar los medios....

hemos creado el espacio :

DESAHÓGATE y di todo lo que tengas que decir para que se escuche tu voz, eso sí: con educación y elegancia.

 Entra ya !!!!!!  

 

 

MENSAJES DEL PASADO

 

CAPITULO IV  LA MALA SUERTE DE LA VIDA

 

A la mañana siguiente eran ya las once de la mañana cuando nos despertamos ¡Claro, había sido un día agotador el de ayer!. Abrí la persiana, y me pareció muy extraño: el coche de Mario no estaba, así que le pregunté a Marta:

Cariño, ¿Y mi hermano?.

Supongo que en su habitación, con Lorena... ¿Porqué?. – Llevándome las manos a la cabeza, le dije:

Porque el coche no está. - Marta, levantándose de la cama, dijo:

¿Qué?... Pero eso es realmente raro. Voy a mirar en su habitación. Tal vez hayan ido a por churros, ¿puede ser?. (Iba diciendo mientras caminaba hacia su habitación).

Ya de regreso de la habitación de Mario, Marta venía con una carta, y me dijo:

Arturo, ¿me ocultas algo?.

No. ¿Por qué habría de ocultarte nada?. ¿Qué ocurre?.

Pues no lo sé. Pero después de leer esta nota me lo explicas, ¿vale?. Me dio la nota, escrita del puño de mi hermano, en la que decía:

Arturo, espero sepas perdonarme por marcharnos sin avisar. Es cierto, tenías razón... aquí ocurren cosas muy extrañas, y no quise poner en peligro a mi familia, por eso salimos corriendo y sin avisar. Tú deberías hacer lo mismo y largarte... ¡Esta casa no es segura!. Mario.

Después de leerla, dejé la nota encima de la mesilla y miré a Marta, que tenía en la cara esa expresión que yo conocía muy bien: estaba furiosa; aunque también había algo de pánico en su mirada.

Marta, escucha, por favor!!!. Yo quería contarte, pero... no quería asustarte sin motivos, por eso... (Me cortó).

Para, por favor, Arturo!. Me siento engañada. Sabes que intento confiar en ti, pero necesito que tú también confíes un poquito en mí, ¿vale?. Es que, de verdad no puedo más: se vuelve a repetir la situación de cuando vivíamos en Madrid. ¿Es que piensas que ahora puedo creerme algo de lo que me cuentes?. Creo que lo mejor será que David y yo nos marchemos a casa de mi hermana por una temporada.

Sabía perfectamente a qué se refería cuando decía aquello, a las veces que le decía que iría a casa nada más terminar el trabajo, y me enrollaba con mis compañeros en el bar... ella estaba harta de esto, y... tenía razón, la verdad es que no me podía defender. Pero... ¡Ahora era distinto!; el caso es que Marta estaba realmente furiosa, y no podía decir nada en mi defensa. Así que, se me vino todo abajo. Me sentía hundido en la miseria: habíamos comprado una gran mansión, para cambiar nuestra vida ajetreada de Madrid, y vivir todos más tranquilos y felices, y... ¿Por qué tenía que ocurrirme esto a mí?. Perder a mi familia, que era lo que más quería en este mundo. ¿Qué más podía ocurrirme?. Ya no me importaba nada. Pero, era cierto, tenía razón, así que le dije:

Tienes razón. Lo mejor que podéis hacer es marcharos, estaréis más seguros. Esta casa está maldita.

Así que, abrí el cajón de la mesilla y sin mirar a Marta le di las llaves del coche.

¿No vas a coger tus cosas?. Le dije.

No. Cuanto antes nos vayamos mejor. Voy a buscar a David.

Fui a despedirme de mi hijo. ¡Se me hacía muy cuesta arriba, pero era lo mejor, así que hice de tripas corazón:

No olvides nunca, que tu padre te quiere un montón, mi vida. Y cuida de tu mamá, no le hagas enfadarse, ¿vale?. Le dije a David.

Pero... ¿Qué ocurre aquí? ¿A dónde vamos, mamá? ¿Cuándo volveremos a verte, papá?.

Por el camino te cuento, cariño. Vamos al coche, ¿vale?. Cuanto antes salgamos, mejor. Le dijo Marta.

Adiós, Papá (dándome un beso y un abrazo de esos que parecen que paralizan el tiempo).

Adiós, Arturo. Cuando nos tranquilicemos todos un poco, ya hablaremos. (Con lágrimas en los ojos).

Y se fueron los dos, ante mi mirada confusa, que veía cómo se alejaba el coche. Y con las personas que más quería en mi vida!!!

Volví a entrar en la mansión. En la gran sala, noté cómo se me venía la casa encima, sentía una enorme tristeza, estaba a punto de romper a llorar, cuando noté un pequeño viento que recorría la casa, aún cuando todo estaba cerrado. Revoloteó a mi alrededor. No sabía lo que era, pero no me pude contener más, y grité:

¡Quien quiera que seas!!! Déjanos en paz. Esta casa ahora es mía. Has conseguido echar a mi familia, pero juro que conseguiré averiguar qué es lo que ocurre aquí. No pararé hasta que mi familia vuelva y podamos vivir tranquilos. ¿Me oyes?.

Me volví loco. De repente, me calmé. En la casa se escuchaba lo que nunca: un silencio absoluto. No sonaban cosas, no se movía nada, sólo el eco de mis gritos desesperados y desgarrados. Cuando terminé de tranquilizarme, decidí sacar a Nube a dar un paseo.

Fuimos hasta el pueblo. Vi la iglesia y pensé que era una señal. Así que dejé a Nube atada a un árbol cerca de la puerta, y pasé a rezar. Cuando vi al cura decidí contarle lo ocurrido y pedirle ayuda.

Al párroco pareció no extrañarle, pues ya había oído hablar sobre la mansión. Me dijo que intentaría ayudarme, pero que, tal vez los espíritus necesitaran de mi ayuda para solucionar temas pendientes y poder avanzar hacia la luz.

¿Y si los espíritus fueran malignos?. Se me ocurrió preguntarle, pues me rondaba la cabeza.

Hijo, si fueran malignos ya os habrían hecho daño, y no te dejarían salir de la casa. Puedes estar tranquilo en ese sentido.

Quedamos en que se pasaría por la casa en cuanto pudiera.

Cogí a Nube y me senté en la terraza de un bar: tenía sed. El camarero según me vio ya me conocía, sabía que era yo el habitante de la gran mansión.

Ya no me anduve con rodeos, como todo el mundo parecía conocerme, y todo el mundo se atrevía a rumorear y a preguntarme, pues... pensé que había llegado el momento de hacer yo las preguntas; así que le pregunté:

¿Sabes tú algo de lo que allí ocurrió hace años?, ¿Algo de todo lo que se cuenta?.

Acercándose un poco a mí, y bajando la voz, con mucho misterio me dijo:

Verás, mi abuelo me contó alguna que otra vez que él era muy amigo de Jacinto, el pequeño de la familia Salazar. Me dijo que solían invitarle a los cumpleaños, y aquel año, cuando el pequeño cumplía 10, mi abuelo al salir de la fiesta, vio a tres personas merodeando la mansión (dos hombres y una mujer) y les oyó decir algo sobre una nota después de un trabajo. También me contó que oyó a la mujer decir algo de que se iban a forrar cuando todo acabase. La mujer le resultaba familiar, y creía saber quién era, pero nunca estuvo del todo seguro pues al estar escondido, no la podía ver con total claridad.

Y tu abuelo... ¿nunca contó todo eso a la policía?.

Carlos, deja ya de hablar y ocúpate de trabajar, vamos... atiende aquella mesa... (Le cortó el encargado del bar, que ya era una persona mayor).

Así que... el camarero se fue y me dejó con la intriga.

Mientras me tomaba la cerveza pensé que eso aclaraba mucho las cosas. Los mataron el mismo día del cumpleaños, y dentro de la casa, pero... si la policía no encontró los cuerpos, es porque se los llevaron, o los enterraron en la parcela. Me seguía haciendo muchas preguntas, pero ya tenía algo claro: que esos ruidos y movimientos extraños, ya no cabía duda de que eran provocados por la familia Salazar!!!.

Regresé de mi paseo con Nube, y en la mansión estaba esperándome Mario. ¡Ahora sí que no entendía nada!, así que le pregunté:

¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué vuelves?.

Me lo pensé bien. No podía dejar a mi hermanito aquí, solo, con tantas cosas extrañas. Además, me encontré con Marta en un bar de carretera y me contó lo ocurrido. Pensé que no podías pasar tú solito por esto, y regresé. No te preocupes por Marta y David, están con mi mujer y mi hija, camino de Madrid. Ahora... ¿Me vas a dar un abrazo, o no?.

Por supuesto que sí... y nos dimos un gran abrazo.

Pero, ¿cuántos días vas a quedarte?.

Tenemos planes, ¿recuerdas?. La casa rural... además, deja ya de hacer preguntas, ¿Quieres?. ¿Qué tal si abres la casa para que podamos entrar a ver a nuestros amigos?.

Bueno, un poco de humor no está mal, nos hace falta, ¿no?. Le dije... y abrí.

Entramos los dos a la casa. Me sentía mucho más tranquilo, sabiendo que podía contar con mi hermano y no estaría solo, además sabía que mi familia estaba bien.

Aprovechamos la tarde y fuimos a una feria de ganado para encargar tres caballos. Dimos una señal y los traerían cuando tuviéramos hechas las cuadras. También fuimos a una empresa de construcción del pueblo, pero se negaban a hacernos la obra porque decían que no entraban en una casa maldita, en la que, según ellos, había desaparecido el hijo del jefe.

A la mañana siguiente, a primera hora, vino el párroco y empezaron a ocurrir cosas rarísimas: todos los objetos de la casa eran móviles de repente, todo se movía: las lámparas, los muebles, las puertas se cerraban y se abrían... era una auténtica locura. El perro estaba rabioso. Así que el cura se marchó y nos dijo que deberíamos hacer lo mismo, que los espíritus no tenían pinta de que quisieran marcharse. Cuando se hubo marchado él, todo volvió a la normalidad.

Creo que lo mejor será hacerle caso al cura, ¿no crees, hermanito?. Me dijo Mario.

Ni hablar, Mario... vete tú si quieres. Yo voy a solucionar esto y voy a vivir aquí con mi familia. Llegaré hasta el final.

Ni hablar, no te dejaré de nuevo solo. Además, era solo para comprobar que estabas totalmente seguro sobre esto. ¡Ahora veo que sí lo estás!. Estamos en esto los dos, y lo solucionaremos, ya verás!!!. Creo que ahora deberíamos salir un poco a despejarnos. Nos merecemos un café, ¿no crees?.

Venga, vamos a por ese café. Le contesté, muy agradecido, por estar a mi lado.

Camino al pueblo, en el coche de Mario, me pasaron mil cosas por la cabeza: ¿Por qué cuando vino el cura se puso la casa tan terrorífica? ¿Será porque la familia Salazar quiere transmitirme algo antes de marcharse del todo?... por otro lado... ¿Cómo estarán Marta y David? Esta pregunta no podía evitar hacérmela. Me hacía tantas preguntas, que intenté

seguir el consejo de Mario, desconectar y disfrutar del momento con mi hermano.

 

 

   
 

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  • Conociendo al autor

Una historia creada por Borja Carrero; habla de una casa con enormes terrenos que lleva en venta  mucho tiempo; es una preciosa mansión  que, a pesar de estar un poco abandonada, tiene muchas posibilidades.

Ahora viene la pregunta del millón: ¿Por qué  la mansión que tiene tres plantas y sótano, es tan barata y lleva tanto tiempo en venta?

Pues si lees esta historia... tal vez halles la respuesta...................

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