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Entramos los 3 en el restaurante y nos fuimos directamente a la barra; pedimos
la bebida, y el camarero nos dijo que para cenar tendríamos que esperar una
media hora.
-
No hay problema. Le dije. Esperaremos, mientras nos tomamos esto.
-
No sois de por aquí, ¿Verdad?. Me preguntó el camarero.
-
Nos acabamos de instalar en la mansión.
-
¿Qué mansión?, ¿la que está al lado de la urbanización Camporrosado?. Preguntó
de nuevo.
-
Sí, exactamente… esa mansión.
El camarero entonces se dio la vuelta y no volvió a mediar palabra… a Marta y a
mí nos pareció que trataba de ocultarnos alguna información, pero… decidimos no
darle demasiada importancia, así que nos olvidamos del tema y nos pusimos a
cenar… todo estaba muy rico!!!.
Cuando regresamos a nuestra nueva casa, nuestro nuevo hogar… primero di de cenar
a Nube y estuve un rato con ella hasta que se tranquilizó... al fin y al cabo,
la casa también era nueva para ella, y se tenía que acostumbrar a dormir en la
calle… ¡Pobrecita!.
Nos fuimos todos a la cama… la verdad es que había sido un día agotador!. Mañana
tendríamos más tiempo para disfrutar de la casa!!!.
Bien, pues no pudimos descansar demasiado, pues sobre las dos y media de la
madrugada, Luna empezó a ladrar como desesperada. Me asomé por la ventana y vi
que la perra estaba ladrando a la casa… pensé Claro!, es que no está
acostumbrada a dormir fuera!!!. Pero, cuando la metí a la casa, ladraba más
fuerte, estaba realmente desesperada… tanto es así que despertó a Marta y David.
-
¿Qué le pasa a Nube?. Me preguntaron.
-
No lo sé… vamos a ver si se tranquiliza durmiendo con nosotros, en la
habitación.
Ya dentro de la habitación, la perra estaba aún más furiosa: rascaba y se
abalanzaba a la puerta… es como si quisiera salir. Nunca había tenido antes ese
comportamiento, así que pensé que alguien había entrado en la casa. Recorrí la
casa de arriba abajo, y no había nadie, así que regresé a la habitación,
entonces… sonó un gran golpe, volví a salir… fui hasta el primer piso, encendí
las luces y… no encontré a nadie, ni nada que hubiera podido producir aquel
ruido… en fin, estaba agotado, y parecía que se había tranquilizado todo, hasta
Nube estaba más tranquila, así que fui hacia la cama, tranquilicé a Marta y a
David, y al fin, conseguimos dormirnos todos… el cansancio pudo al final con
nosotros.
A la mañana siguiente sonó el teléfono:
- ¡Pero si sólo son las ocho… ¡No es justo!!!.
- ¿Quién era, cariño?.
- Era el cerrajero. En dos horas estará aquí, así que venga… vamos a desayunar y
arreglar un poco la casa entre los dos. Te ayudo, ¿vale?.
- Ya sabes que no me ayudas a mí… la casa es de los dos… qué digo? De los tres.
Me dijo Marta.
Así que nos pusimos a ello; mientras Marta hacía la cocina y los baños, yo me
dedicaba a barrer el suelo. Y mientras estaba barriendo el pasillo, vi cómo se
movía sola una mesita de una habitación. Como todavía seguía un poco dormido, no
le puse mayor interés, no le di importancia, pero cuando entré en esa habitación
se cayó la bombilla al suelo y cuando fui a cogerla… estaba entera, no se había
roto!!!. La puse en la lámpara y funcionaba perfectamente. Salí de la habitación
bastante extrañado por el asunto, y al final del pasillo vi una sombra que no
era de ninguno de nosotros, pues mi mujer estaba en otra habitación, la acababa
de ver, y a David le escuché abajo, viendo la Televisión. Allí, en cambio,
estaba la sombra, al lado de un gran cuadro que habíamos heredado con la casa, y
ahora ya estaba totalmente despierto. ¡No podía ser!!! Tiré el cepillo al suelo,
entre asustado y cabreado, y Marta vino rápido:
-
Qué… ¿Ya te has cansado?, ¿Porqué lo tiras?... no, si ya me parecía muy bonito
lo de ayudarme…
-
No, no… no pasa nada, tranquila. Y, por favor!! Háblame bien. No nos faltemos el
respeto ahora, cuando nunca lo hemos hecho, ¿vale?.
-
Tienes razón, cariño. Son los nervios del cambio de casa. Tranquilicémonos.
-
O.K. Todo olvidado, ¿vale?. Y me fui.
-
Vamos a dejar ya por hoy la limpieza, ¿vale?. Vamos a relajarnos un poco en el
salón.
Al rato llegó el cerrajero; le acompañé a la puerta del sótano, cambió la
cerradura y se marchó.
Acto seguido salimos los tres: Marta, David y yo… íbamos al Ayuntamiento, a
empadronarnos. Cuando llegamos, nos atendió el Alcalde… es que en estos pueblos
pequeñitos, es todo más accesible, comentamos entre nosotros… no es lo mismo que
en Madrid.
-
Buenos días… ¿qué desean?. Era el Alcalde quien hablaba.
-
Somos nuevos en este pueblo, y venimos a empadronarnos.
-
Bien: dejenme sus DNI, y el contrato de alquiler o escritura de la casa.
-
Ah!!... ya veo (dijo cuando le habíamos dado todos los papeles). Se trata de la
mansión… y se quedó callado.
-
Oiga, Sr. Alcalde… ¿ocurre algo con esa mansión? Es que todo el mundo me
pregunta lo mismo, y pone exactamente esa misma cara.
-
Vds. ya viven allí… ¿notaron algo extraño?.
Nos miramos Marta y yo, con una mirada cómplice, y dijimos a la vez:
-
Nada, nada raro.
-
¿Porqué? ¿deberíamos haber notado algo extraño, tal vez? Le pregunté.
-
Verá: (nos contestó el Alcalde) hace como unos quince días, un joven pasó por
allí con su bicicleta, se paró en la puerta de la valla para hacer un descanso.
Se sentó y poco después cogió su bicicleta y viendo que tenía las ruedas
pinchadas echó a correr. Fue hacia los chalets más cercanos y les contó lo
ocurrido. Dijo que había visto dentro de la casa, cómo una gran fuerza de aire
arrastraba hojas hacia él… por eso salió corriendo tan asustado. Los vecinos
fueron con él hasta la mansión y se encontraron con la bicicleta en perfectas
condiciones, y ni rastro de hojas. Se enfadaron, porque pensaron que era una
broma del chaval, una broma muy pesada, por cierto. El chaval se quedó allí, y
desde entonces, nadie sabe nada de él ni de su bici… está desaparecido.
Con un escalofrío que recorría todo nuestro cuerpo, le preguntamos Marta y yo al
Alcalde:
-
Y… ¿Qué ocurrió?.
-
Pues fueron agentes de la Guardia Civil y no encontraron nada. Registraron la
casa y todos los alrededores, y nada de nada. Llevaron perros incluso para
rastrear, pero no encontraron ni una sola pista.
-
Pues la verdad es que no hemos notado nada raro (mentimos). Pero cualquier cosa,
le comentaremos, seguro. Sí que es raro el tema, sí.
Cuando llegamos a casa recibimos una llamada de mi primo Daniel. Venía de
camino, con mi hermano Mario y su familia; como mi hermano es arquitecto, le
encantan las casas antiguas, así que no se lo podía perder. Llegarían por la
tarde.
Mientras, se me ocurrió bajar al sótano para cotillear un poco. Entré y, como no
había luz allí, subí por una linterna. Cuando volví a bajar… alguien había
puesto un mueble viejo en la puerta, para que no pasara… ¿Qué es esto? Pensé.
Aquí siguen ocurriendo cosas raras. Aparté el mueble y al fin pude pasar. Estaba
el sótano como al principio la casa: todo lleno de telarañas, sucio y un montón
de trastos… allí había trabajo para ponerlo en condiciones, pensé. Al fondo del
sótano había una mesa vieja. Abrí los cajones, y en uno encontré una nota. Era
del año 1931. Parecía un telegrama. Ponía lo siguiente:
8 Agosto 1931
Nuestro hermano ha
fallecido, tienes que venir a Lisboa inmediatamente. Ven solo, tus hijos no
están preparados para ver esto.. Estamos todos. Padre Madre y todos los demás.
Te
esperamos para darle el último adiós entre todos. Tu
hermano Rafael.
Así que el vendedor de la casa nos mintió: viajó él solo… la familia se quedó en
la casa, y desaparecieron todos… ahora empezaba a entender que estuvieran
ocurriendo fenómenos extraños en la casa, porque, al parecer ¡No estábamos solos
allí!, sino que compartíamos casa con la familia Salazar!!!.
Metí el escrito en mi bolsillo y me di media vuelta para salir del sótano cuando
vi la silueta de una mujer justo enfrente mío, y … empezó a gritar… era como un
estruendo… no aguanté más, y me desmayé… casi me da un ataque al corazón!!!.
Cuando me desperté estaban mi hermano y mi mujer tocándome la cara.
-
Hombre, Arturito, ¿este es tu recibimiento?.
Me dolía muchísimo la cabeza.
-
Aaaaf!! Hombre, Mario!! Qué pronto has llegado!!.
-
Justo a la hora que dijimos, hermanito. Lo que ocurre es que parece que llevas
un buen rato durmiendo, hasta que te ha encontrado Marta… por eso se te ha hecho
tan corto. Ahora vamos… enséñanos la casa, que ya has dormido suficiente, ¿no?.
Subimos y fuimos a ver a los demás: Noelia y Lorena, que son mi sobrina y mi
cuñada; y por supuesto mi primo Daniel. Nos dimos los besos y abrazos
correspondientes y fuimos todos a ver la casa. Mientras, me acordé de lo que me
había ocurrido; busqué la nota en mi bolsillo, y… ¡No estaba!!! ¿Acaso se pudo
caer cuando me desmayé? O, ¿Me la quitó aquella mujer? Todo era surrealista,
pero estaba visto que en aquella casa nada de lo que ocurría era normal…
empezaba a preocuparme de verdad!!.
Cuando terminamos de ver toda la casa, a Mario se le ocurrió que podíamos
habilitar la mitad para abrir una casa rural, que están muy de moda, y el pueblo
es muy turístico… la verdad es que era muy buena idea!!!. Tenía pensado hasta
comprar caballos, para que los clientes pudieran hacer rutas… lo había pensado
todo muy bien, seguro que ya lo había venido tramando por el camino!.
-
Es muy buena idea, Mario… yo incluso ya lo había pensado, pero… Está bien!!!...
Te diré porqué no puedo hacerlo: en esta casa ocurren cosas… ocurren cosas muy
raras. Y es que creo que no estamos solos!.
-
¿A qué te refieres, Arturito?... ¿Me estás hablando de espíritus, quizá?...
pero, no lo puedo creer!. Si tú nunca has creído en esas chorradas!!!.
-
Shshcshsh… aquí hasta las paredes oyen!. Mira: he visto sombras, moverse
muebles, caerse bombillas pero sin romperse, he visto siluetas, desaparecer
escritos… cosas muy raras, de verdad, Mario!!!.
-
Está bien, está bien!... te creo. Pero es que estás muy nervioso con el cambio.
Eso ocurre a veces… todo es producto de tu imaginación, seguro. No te preocupes.
Nos quedaremos unos días con vosotros, y juntos, lo planearemos todo. Verás como
te tranquilizarás y todo vuelve a la normalidad.
-
Vale. Pero vamos a decirle lo de la casa rural a Marta y a David. A ver qué
opinan, pues, al fin y al cabo, también viven aquí, ¿no?.
-
Tienes razón, hermanito. Vamos.
Fuimos al salón, donde estaban Marta, Daniel y Lorena charlando. Cuando se lo
dije les pareció una idea fantástica. A David también le encantó la idea. Así
que ya está: todo estaba decidido. Montaríamos una casa rural. Mario y su
familia se quedarían una temporada para ayudarnos.
A Daniel también le hubiera gustado quedarse, pero… como se le acababan las
vacaciones, tendría que coger un autobús de vuelta al día siguiente. ¡Claro, es
que no había pensado que Mario fuera a quedarse!, y aunque le hubiera encantado
poder ayudarnos con el proyecto de la Casa Rural, el deber le llamaba!, ¡Y ante
eso no había nada que hacer!.
Así que al día siguiente, después de dejar a Daniel en el autobús, nos fuimos
todos a visitar otro pueblo que nos habían recomendado por su gastronomía… nos
dijeron que se comía bien y barato; así que le sacamos partido a la tarde
visitando aquel pueblo, que resultó ser precioso de verdad!!!.
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